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Reflexiones sin prisa · Agosto 2026

Elegir construir, una y otra vez

Por Encarna Delgado Cañada

Llevo días con una reflexión dándome vueltas, y he decidido no guardármela.

Como especie, somos capaces de una destrucción enorme. Lo vemos, lo sentimos, lo sufrimos — cada quien a su manera, pero todos lo notamos. Y sin embargo, junto a esa capacidad, convive otra: la de construir. La de cuidarnos. La de sostenernos unos a otros incluso cuando no tenemos ningún motivo obvio para hacerlo, más allá de que somos la misma especie, compartiendo el mismo camino incierto.

Creo, desde lo más profundo, que los valores humanos son eso: nuestra esencia más transversal. Lo que nos atraviesa a todos, más allá de la cultura, el idioma o la historia personal de cada uno. Y creo también que son la brújula interior que nos ayuda a seguir siendo humanos como colectivo, especialmente en los momentos de confusión, incertidumbre o incluso oscuridad que también vivimos como sociedad.

Elegir la cooperación, una y otra vez, a pesar de todo lo que también somos capaces de romper — eso no es ingenuidad. Es una elección consciente. Y para mí, es la parte más bella de ser humanos: cuando ponemos al servicio de los demás aquello que la vida, en esencia, nos ofrece.

"Cuando yo gano y tú pierdes, perdemos los dos.
Cuando tú ganas y yo pierdo, perdemos los dos.
Cuando ganamos los dos... ganamos como comunidad."

Es una metáfora sencilla, casi de manual — "uno para todos y todos para uno" — pero no por sencilla deja de ser cierta. La cooperación no es un ideal lejano ni una utopía de otro tiempo. Es una decisión diaria, pequeña casi siempre, que cada uno de nosotros toma constantemente: en cómo hablamos, en cómo escuchamos, en si dejamos espacio para que el otro también gane.

No escribo esto desde la ingenuidad. Me preocupa, honestamente, hacia dónde vamos como especie. Pero precisamente por eso sigo eligiendo, cada día, poner mi trabajo al servicio de que las personas se reconecten con sus propios valores — porque creo que ahí, en cada persona que recupera su brújula interior, también se construye algo más grande que ella misma.

— Encarna